“El camino que la Revolución de 1952 abrió para la participación de todas las clases sociales en los asuntos patrios fue un echo concreto. Pero es evidente que queda mucho por delante cuando el pueblo anda en linea recta hacia su destino mientras la clase política se corrumpe y se queda rezagada en sus ardides de izquierda y de derecha, olvidando que el ciudadano(a), por muy pobre, débil, enfermo, e ignorante que sea, importa.”
Jaime Otero Zuazo

El libro de Carlos Hugo Molina “Los Hijos de la Revolución”, a publicarse en la Editorial Heterodoxia por el 70º aniversario de la revolución nacional de 1952 en Bolivia, contiene el recuerdo de Jaime Otero Calderón narrado por su hijo Jaime Otero Zuazo, en respuesta a seis preguntas.
- ¿Cuál calificarías como el aporte más importante de la obra de tu padre?
Después de casi 69 años del estallido de la Revolución de 1952, mi padre es recordado como un paladín de la guerra contra la corrupción y defensor del estado de derecho bajo un sistema de gobierno democrático. De acuerdo con un artículo sobre mi padre, la periodista Lupe Cajías dijo: “Le tocó ser testigo, y más tarde protagonista y cronista, de una de las etapas más intensas de la historia nacional, de la formación de ideas, de partidos políticos y de mucha acción…Otero provenía de una familia de mucho prestigio tanto en Bolivia como en el exterior y formaba parte de los más afamados intelectuales nacionalistas de la época. Durante años luchó contra los poderes establecidos y como diputado y periodista denunció diferentes hechos de corrupción”. (G. Lora, G. Bedregal, N. Pardo Valle, C. Soria Galvarro, J. Iturri Núñez del Prado).
En todos los escritos que mencionan a mi padre a lo largo de los años, se alude, como se hizo antaño con su padre Alfredo H. Otero, a su intachable figura de político compasivo, honrado, valiente e intelectual, que no dobló su determinada lucha contra la corrupción y el abuso del poder político y la ley, incluso dentro de su propio partido. Estuvo en el centro de todos los eventos del golpe de estado de 1964, y luchó fielmente por la causa democrática, la defensa de los derechos de los más indefensos y el bienestar del país hasta el día de su trágica muerte.
Tras el asesinato de mi padre, el gobierno golpista quiso buscar afanosamente algún indicio sórdido en su vida, pero no pudieron hallar nada excepto que ayudaba monetariamente a familias de los líderes mineros y campesinos que iba conociendo en el encierro político, que fue frecuente en esos años de oposición.
Jaime Otero Calderón (La Paz, 19 de enero de 1921 – La Paz, 15 de febrero de1970). En 1945, obtuvo el título de Doctor en Derecho de la Universidad de San Francisco Xavier de Sucre. Tras ejercer como abogado en casos de ley penal, inició su carrera pública en 1949 como gerente administrativo de los campos de explotación de Yacimientos Petrolíferos Ficales Bolivianos (YPFB) en Camiri, Santa Cruz, donde también intervino a favor de la salud del obrero, sobre todo las graves quemaduras, y a incentivar el deporte y la camaradería. Conoció más íntimamente a sus parientes de Santa Cruz y siempre recordaba con cariño esa región donde tuvo muchos amigos. De 1951 a 1953 fue catedrático en la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz donde enseñó Ley Constitucional y Romana. En 1953 fue nombrado director y administrador general de YPFB. Habiendo sido miembro fundador del Movimiento Pachakuti en su juventud, y “participado de las conferencias Pachakuti, Siripaka, Ainoka, y trasuntos de un nacionalismo espiritual” (F. Diez de Medina), fue posteriormente electo diputado por el departamento de La Paz como candidato del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), siendo uno de los siete diputados, entre ellos Roberto Jordán Pando, que se opuso al Código petrolero Davenport. Promulgó la ley que estableció el Instituto para la Ceguera. Tras servir como viceministro de Minas y Petróleo, el presidente Hernán Siles Zuazo lo nombró alcalde de La Paz a los 35 años. Devolvió tierras apropiadas ilegalmente de la comunidad indígena del Alto donde hoy se encuentra una calle con su nombre. Tras exigir una auditoría del manejo de los fondos municipales de años anteriores, fue rápidamente nombrado ministro consejero en la embajada de Bolivia en Argentina. A su retorno, fue presidente de la Caja Petrolera de Salud. En 1960 fue nombrado Secretario General, y luego ministro de estado durante el tercer y cuarto mandato presidencial de Víctor Paz Estenssoro. En 1962 cumplió simultáneamente como presidente de la Comisión de la Reforma Administrativa y la Comisión de Turismo. En la primera, formuló la tesis de que ningún plan de desarrollo sería efectivo sin un control sistémico y transparente de las fugas de capital por actos de corrupción. Tras el golpe de estado de 1964, encabezó la Resistencia Nacionalista desechando ofertas de empleo en organizaciones internacionales cuyas autoridades conoció y amistó como representante de Bolivia ante juntas internacionales, como ser Felipe Herrera con quién correspondió. Al igual, el golpista presidente Barrientos le ofreció un ministerio o la embajada en Perú. Mi padre se concretó a terminar el trabajo de la ley de la Reforma Administrativa. En la Editorial e Imprenta Artística, propiedad de la familia Otero Calderón, publicó el semanario Servicio de Información Confidencial (SIC) donde reveló actos de corrupción del gobierno, que incluso se remontaban al gobierno del MNR. A poca distancia del Palacio Quemado, llegaban a la imprenta miembros de todo nivel administrativo con pruebas corroboradas de corrupción como el contrabando de harina de la Argentina y muchos casos más, acudiendo a su reputación de hombre incorrupto, y moral. Lupe Cajías escribió: “La Asociación de Periodistas, de la que Otero era miembro, conoció en más de una ocasión las presiones y amenazas contra Otero por difundir los delitos que investigaba”. En 1969 mi padre respondió a las amenazas del gobierno del General Ovando en el periódico Presencia: “No pienso claudicar de mis ideas ni refugiarme en el transfugio y sí, más bien, continuar, como hasta ahora, firmemente leal y consecuente con mis principios, así como con el partido y las personas que representan mis convicciones políticas, ejercitando irrenunciables derechos naturales y constitucionales”. Pocas semanas antes de su asesinato, comentó a mi madre que poseía información acerca de un crimen de estado de gran daño al país.
El 15 de febrero de 1970, fue brutalmente asesinado en las instalaciones de la Imprenta Artística. El motivo, comunicado a mi persona en 1992 por el Dr. Paz, fue una póliza de embarque, proporcionada a mi padre por el periodista Alfredo Alexander, que demostraba el contrabando de armas de Europa a Israel por medio del gobierno boliviano de facto por más de 50 millones de dólares, que fueron depositados en una cuenta suiza. Irónicamente, ante el multitudinario entierro, y expresiones de indignación general, el gobierno de Ovando Candia decretó Duelo Nacional.
- ¿Cuál es el rasgo más importante de la personalidad privada de tu padre?
Nunca vimos a mi padre irrumpir en disparates o embriagarse. Fumaba ininterrumpidamente, sin embargo, cigarrillos de tabaco negro Inca o Lucky Strike sin filtro . Adoraba a mi madre. Cultivaba rosas en el jardín como lo hacía su amigo Sergio Almaraz. Junto a mi madre, compartía con sus amigos Eduardo Arauco, Alfonso Gumucio y sus esposas. Mi padre reunía todos los domingos, después de misa, a los abuelos y pasábamos solazados momentos de paz y armonía familiar. Inculcó en sus hijos y en su trabajo el respeto a los demás y la defensa de aquellos que no pueden defenderse a sí mismos. Nunca hubo ostensión ni abuso en casa, incluso mi padre rehusó el primer auto asignado como ministro por ser lujoso y aceptó un viejo auto pequeño. En las noches, al volver de Palacio, mi padre dejaba al chofer en su casa para recogerlo en la mañana pues el hombre era viudo con 13 hijos.
Su humanismo y acercamiento a la Iglesia Católica fueron conocidos. Visitaba al Nuncio, Obispos y los sacerdotes de Obrajes que ofrecían misa en casa los jueves. Tuvo audiencia con el Papa Pablo VI en el Vaticano. Junto a mi madre, participaban de diálogos y retiros espirituales. Fue insaciable lector de su numerosa colección de libros y enciclopedias. No había día que no comprara libros de las excelentes librerías Gutenberg, Gisbert, Tejerina y otras. Reunía en casa los viernes en la noche a intelectuales distinguidos como: Zabaleta, Almaraz, el padre Espinel, Quiroga Santa Cruz, Carlos Serrate y otros. Recuerdo sentarme tras una puerta con visillos y escuchar fascinado las elocuentes discusiones, con las intervenciones en voz grave de mi padre. Infatigable deportista en el Club de Tenis de La Paz desde su fundación, pasábamos los sábados allí, junto a sus amigos de la infancia como Roberto Muñoz, Johnny Zalles y Jaime Prudencio. Colaboró regularmente con la revista internacional Praxis de la Iglesia Católica, y entre sus escritos están: Origen y Evolución del Capitalismo, Aplicación de la Reforma Administrativa en Bolivia, Relaciones Humanas en la Industria Estatal y Privada, Institucionalización de la Planificación. Colaboró con Sergio Almaraz en temas de la industria petrolera y sobre el golpe de 1964 con René Zavaleta Mercado.
- ¿Cómo se relacionó con los otros actores de la revolución?
Mi padre fue un líder muy respetado en el MNR desde la Revolución de 1952. Aunque joven aún, su preparación y su intelecto nacionalista le ganaron la amistad y respeto de los mayores. Como pachakutista, y diputado encontró su causa en la defensa de los derechos de todos los bolivianos sin excepción. Se sentía cómodo con las bases del partido, así como con sus líderes máximos. Su sencillez y respeto hacia los demás infundieron confianza y logró establecer diálogo con un sinnúmero de compañeros. A pesar de su lucha acérrima contra la corrupción, incluso dentro del partido, fue elevado rápidamente en los escalafones de poder. Durante la época de oposición, se vinculó con líderes de otros partidos opositores a la dictadura y realizó viajes clandestinos a Montevideo con Siles Zuazo y a Lima con el Dr. Paz, buscando la unificación del MNR en representación de la Resistencia Nacionalista del M.N.R. que ya era conformada por varias corrientes sociales antigolpistas (Eduardo Arze Cuadros). En reuniones de todo tipo, se destacaba el talento de síntesis de mi padre, que el Dr. Paz mencionó como un don suyo en las reuniones de gabinete de su gobierno. Durante su función pública hizo énfasis en el respeto a la mujer y el apoyo a la juventud. Como alcalde y presidente del Consejo Municipal de Cultura fomentó el fortalecimiento de la cultura con los esposos Meza Quisbert y con su joven amigo Jacobo Liberman. Apoyó a mujeres líderes de la Revolución como Lidia Gueiler y compartió en el homenaje a María Barzola.
- ¿Cómo viviste la consecuencia del exilio, producto de los cambios políticos?
A pocos meses de la muerte de mi padre el padre dominico James Burke, director del Instituto Boliviano de Estudio y Acción Social (IBEAS), en la cual mi padre trabajó en esa época como gerente administrativo, me ofreció la posibilidad de ir a los EE. UU. para estudiar. Poco sabía yo que de ahí en adelante quedaría sin sustento o ayuda de ningún tipo, aprendí a valerme por mi miso en ese ambiente nuevo, o como decía mi padre “haz de tu capa un sayo”. Estudié ingeniería biotecnológica y me gradué como economista. Tras el nacimiento de mis tres hijas, mi esposa y yo nos dedicamos a su educación académica y moral, que resultaron en triunfos personales en bien de los demás. En 1984, en Washington, el Dr. Paz me invitó a unirme a la campaña electoral que se avecinaba, pero mi compromiso familiar y la decepción del apoyo anterior del MNR a la dictadura de Banzer, sobrellevó cualquier aspiración política que pude tener.
- ¿Qué te significó ser hij@ de un actor de la revolución?
En línea directa por parte de mi familia materna y paterna hubo partícipes de la política nacional por cinco generaciones, incluyendo dos de los firmantes de la primera Constitución de Bolivia. También, por mi madre, tengo la sangre del Cacicazgo Calahumana de Guarina con por lo menos 600 años de liderazgo andino. En las narraciones familiares de abuelos y tíos, aprendí el contexto histórico que nos tocó vivir, con una larga historia de luchas por el estado de derecho y el bien común. Nunca fui partidario de los dogmas políticos y busqué una alternativa metodológica basada en la ciencia, sobre la que diserté en la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia en 1993. A pesar de esta desconfianza mía de la política tradicional, mi padre siempre me inspiró un gran respeto y admiración, al igual que su padre lo hizo cooooon él antes. Recuerdo de niño que presenciando desde el palco presidencial un discurso del Dr. Paz, ante una Plaza Murillo llena, lloré de emoción pensando que era posible hacer felices a todos. En los últimos años de escuela en Bolivia participé en el grupo Arumanti Chachawas de Luis Ampuero junto con mis amigos Javier Arce y Juan Cristobal Barragán. Fuimos a las regiones indígenas del Altiplano, Yungas y la zona de Palca a vivir y trabajar en kamanas para ganarnos el almuerzo y el alojamiento en grupo . Allí aprendí a reconocer la bondad y sacrificio de las madres, la risa y juego de los niños, y la organización y mando de los hombres. En una ocasión al retornar a casa después de una de estas excursiones, de poncho y lluch’u, la empleada no me dejó entrar en casa pensando que era un mendigante. Con la ausencia de mi madre en Buenos Aires, me tocó llevar comida, ropa, periódicos y cigarrillos en las últimas detenciones políticas de mi padre. Allí, pasando el día aprendí de las señoras de pollera cómo lograr que lleguen los bienes a su destino y dar un vistazo rápido para ubicar a mi padre en el patio de la cárcel, cada vez que se abría el gran portón de metal negro. Esas mismas señoras maternales, con las que pasaba horas de espera, estuvieron en el entierro de mi padre llorando y lanzando gritos contra la dictadura y quedé muy emocionado de verlas y oírlas.
Hoy, llevo marcado el ejemplo del hombre correcto que vale por el bien que trae a los demás.
- Hoy, con los años de distancia del acontecimiento histórico, ¿qué valores perduran de la Revolución de 1952 en la construcción del Estado boliviano moderno?
El camino que la Revolución de 1952 abrió para la participación de todas las clases sociales en los asuntos patrios fue un echo concreto. Pero es evidente que queda mucho por delante cuando el pueblo anda en linea recta hacia su destino mienras la clase política se corrumpe y se queda rezagada en sus ardides de izquierda y de derecha, olvidando que el ciudadano(a), por muy pobre, débil, enfermo, e ignorante que sea, importa. Los gobiernos tienen la costumbre de atribuirse los triunfos económicos y sociales, cuando es del pueblo el crédito por su trabajo y progreso a pesar de la política corrupta. Mi padre hablaba del arte y la ingeniería de la política donde los líderes son casi desconocidos porque todo anda bien y la gente puede seguir con sus vidas sin enterarse de la trajicomedia de gobiernos débiles y corruptos. La Revolución de 1952 fue un acto del pueblo que tomó las armas con la esperanza de justicia, tras la burla democrática de 1950. Hoy debemos madurar en el asentamiento de la democracia, pero más aún en el ejercicio de la ley justa, limpia y contundente. Por último, es imperativo que nos eduquemos en todas las materias que hagan de Bolivia un país moderno y progresista, donde no se vea tanta ignorancia, pobreza y egoísmo.
Jaime Otero Zuazo

